ENTONANDO EL MEA CULPA

A veces visualizo la culpa como un monstruo que me persigue constantemente, que controla todo lo que hago, que está al pie del cañón para juzgarme a la mínima que patino.

(Imagen @agustinaguerrero)

Y con la maternidad creo que ese monstruo se ha hecho más grande y más poderoso.

Cuando estaba intentando quedarme embarazada por primera vez, pasaron varios meses en que el positivo no llegaba. Y el monstruo me susurraba al oido que a ver si era yo la que tenía algún problema y por eso no me quedaba.

Evidentemente el bicho estaba equivocado.

Cuando he pasado por mis cuatro abortos, nuevamente la culpa asomó de manera brutal. Sentía que yo tenía la culpa, que quizás no me había cuidado lo suficiente, que puede que algo hubiera hecho mal para que el embarazo no evolucionara.

Y aunque las pruebas médicas dictaminaron que no sabían la causa de las pérdidas, el puto monstruo seguía allí en un rincón, acusándome con el dedo.

Y ahora que soy madre, el monstruo se ha convertido en un tío descomunal que no me pasa ni una. Y me ataca con dureza. Tanto que me desestabiliza totalmente.

La culpa me ataca normalmente cuando alguna situación con mis hijas se me va de las manos. Cuando quizás no he sabido gestionar algún conflicto, ya sea entre ellas o de alguna de ellas conmigo.

Entonces, la culpa me fulmina con la mirada, y me hace sentirme la peor madre del mundo.

Y esa culpa vive escondida cerca mío, y sale a fustigarme cuando me he olvidado de comprar eso que hace falta para hoy, cuando el pantalón de gimnasia no estaba seco, cuando mi hija pequeña llora y se enfada y me cuesta calmarla, porque claro, como es posible que no sea capaz de hacerlo?

Cuando mi hija mayor saca su rebeldía y yo no soy capaz de gestionarlo correctamente, cuando les grito…

Cuando…

Cuando…

Cuando…

La lista podría ser interminable.

Porque como madre, como mujer, como hija, como empleada, como hermana, como amiga, porque siento esa presión de que si algo no va bien es culpa mía?

No tengo a mano ningún manual para alejar la culpa de mi. No dispongo de herramientas suficientes para poder escribir un post sobre como mejorar nuestra relación con la maldita culpa. Este post es un desahogo.

Un desahogo necesario, porque a veces el poder decirlo en voz alta, o en este caso, escribirlo, puede ser un primer paso.

Sé claramente lo que quiero y necesito. Quiero que cuando asome a la mínima, plantarle cara con valentía y mandar a la culpa a paseo.

No es fácil.

La culpa es fuerte y poderosa.

Pero digo yo: basta ya de crucificarnos a nosotras mismas por todo. Basta ya de juzgarnos duramente entre nosotras. Porque es triste, pero la peor enemiga de una mujer es otra mujer. Y cuando te juzgan, te critican, la culpa coje más fuerza aún.

Somos humanas, y damos lo mejor de nosotras. Cada día nos esforzamos por ser mejores madres, mejores amigas, mejores en el trabajo, pero no somos perfectas. Debemos darnos el beneficio de equivocarnos, y perdonarnos.

Creo que quizás si trabajamos más en nosotras, en nuestra seguridad, en la confianza en nosotras mismas, nos empoderamos, lograremos alejar poco a poco a la culpa de nuestra espalda, allí donde la llevamos pegada día a día.

Y poco a poco irla dejando atrás, avanzando sintiéndonos más libres, sin esa carga tan pesada.

Y vosotras, como vivís con vuestra amiga la culpa?

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